Cara Oculta del Centro Histórico

LOS OCHO SIGLOS DE HISTORIA DEL CARMEN

10.11.12 

ISABEL DOMINGO | VALENCIA

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La obra incluye una recreación del plano de la Morería y los altares y retablos cerámicos donde se celebraban los festejos populares

Un libro de Rafael Solaz traza la crónica social y urbana del histórico barrio a través de 500 fotografías

Recorrido con Rafael Solaz por el barrio del Carmen en: http://www.lasprovincias.es

Es uno de los barrios emblemáticos de la ciudad de Valencia pero también el gran desconocido. Como dice el escritor Rafael Solaz, «se ha hablado mucho sobre el Carmen pero no se sabe toda la historia que contiene». Fruto de esta reflexión, y de toda una vida recopilando datos, Solaz ha escrito ‘El Carme. Crónica social y urbana de un barrio histórico’, una obra que se presentará al público el próximo viernes 16.

A través de 441 páginas y 500 fotografías, Rafael Solaz, nacido en el Carmen (lo que se refleja en una parte autobiográfica del libro), reconstruye el crecimiento y la evolución de este barrio a través de sus ocho siglos de historia: desde que era un arrabal musulmán hasta llegar al espacio de ocio nocturno de la actualidad pasando por la instalación del convento de la Orden de los Carmelitas Descalzos, momento en que el barrio era conocido como «les partides del Carmen».

Es en la época musulmana donde Rafael Solaz aporta una de las novedades respecto a obras similares con una serie de «apuntes históricos del barrio como cuando éste se hallaba fuera de las murallas» o mediante la recreación de un plano de la Morería, gracias a diversos documentos antiguos y las noticias recopiladas de Rodrigo Pertegás.

El libro también recoge uno de los aspectos más «interesantes» para Solaz: la parte humana. Vecinos, costumbres, fiestas actuales y desaparecidas conforman el capítulo más curioso. «El lector se va a sorprender, pues hay recogidas bastantes fiestas desaparecidas», comenta. Además, el autor ha recopilado los altares y retablos cerámicos que existieron en cada una de las calles y plazas donde se hacían festejos en honor a un santo patrón. «Es la primera vez que sale a la luz esta relación», apunta Solaz.

El lector descubrirá, por ejemplo, que la calle Sogueros dedicaba una fiesta a San Vicente en el siglo XIX o que San Cristóbal tenía la suya en la calle Garcilaso, sin olvidar las fiestas actuales de la Cofradía del Carmen o las del Beato Gaspar Bono. Y también se adentrará en la calle Roteros para visitar la tienda conocida como ‘La mona’, en la que «se vendía de todo» en el siglo XVIII.

El libro, que también aborda las fallas de los siglos XIX y XX, se cierra con un repaso a un callejero antiguo y el actual, con la historia de cada calle (con vías y plazas que cambiaron de nombre o ya no están), sus monumentos, sus establecimientos… Porque si la Seo era oficialista y eclesiástica, Velluters, sedero y El Mercat, comercial, «el Carmen era donde mayor número de obradores y talleres se concentraban, por eso formó parte importante de la Valencia gremial y, con la industrialización, se convierte en barrio obrero. Una historia marcada, como explica por último Rafael Solaz, «por el carácter obrero, el de los antiguos talleres artesanales» que hace que el Carmen sea «todavía hoy un barrio-barrio».

VALENCIA

Seis palacios salen a la venta en el centro histórico con precios de hasta 10 millones

Una inmobiliaria de lujo comercializa casas señoriales de los siglos XV, XVII y XIX y un convento desacralizado que cuesta 17 millones

05.11.12 – 00:28  

ISABEL DOMINGO | VALENCIA.

REHABILITADOS

Palacio de los Boil d’Arenós. Fue recuperado en 1995 para sede de la Bolsa de Valencia.

Barones de Alaquàs. Su casa de la calle Trinquete de Caballeros es sede de Lo Rat Penat.

Palacio de Cervelló. Situado en la plaza de Tetuán, fue adquirido por el Ayuntamiento.

Palacio de Colomina. Su restauración acabó en 1999 y es sede de la Fundación San Pablo-CEU.

Si está buscando casa unifamiliar en el centro histórico y dispone de suficiente liquidez (o logra convencer al banco para obtener un crédito), está de enhorabuena. Ahora puede comprarse desde un edificio noble del siglo XIX hasta un palacio del año 1492 completamente rehabilitado o, si lo prefiere, un conjunto monumental formado por iglesia, convento y jardín, eso sí, desacralizados porque ya no son propiedad de la Iglesia desde 2007.

La inmobiliaria de alta gama Engel & Völkers, que abrió su primera tienda en la ciudad el pasado mes de abril, es la encargada de comercializar estos inmuebles. Aunque la empresa declinó hacer declaraciones «porque los propietarios no quieren que trascienda», su web recoge las características de estos edificios y varias fotografías.

Ubicados en los barrios del Carmen, la Xerea y el Mercat, los inmuebles en venta oscilan de precio entre los 2,2 millones de euros «de un palacio del siglo XV en el centro de Valencia», cuyas fotos identifican la actual sede del Círculo de Bellas Artes, hasta los diez millones del «edificio palacial» de estilo ecléctico y con mirador de cristal y hierro situada frente al Palau de Benicarló, sede de les Corts.

Como apunta el escritor e investigador Francisco Pérez de los Cobos, «aunque se identifique como palacio no todos los edificios lo son. Se podrían etiquetar como casas de la burguesía o casas señoriales porque son construcciones más recientes». En este último caso, por ejemplo, el edificio contiguo a la iglesia de San Lorenzo data de 1890, tiene una superficie de 2.087 metros cuadrados y cuenta con 76 habitaciones y 15 baños. Eso sí, como especifica la ficha de la inmobiliaria, «necesita restauración». Un punto que confirma Pérez de los Cobos al recordar que el edificio «está deshabitado desde hace años».

Crisis y mantenimiento

Sea palacio o sea casa burguesa lo cierto es que son propiedades singulares por sus características arquitectónicas o históricas, que se salen de lo común en cualquier catálogo de viviendas. El principal problema al que se enfrentan los propietarios de este tipo de edificios es su mantenimiento, pues los gastos suelen ser elevados, de ahí que la opción sea recurrir a su venta, especialmente con la situación actual de crisis económica.

A ello hay que añadir otro inconveniente: el nivel de protección con el que suelen contar estas propiedades, fijado en nivel uno o dos, lo que implica que, como mínimo, las fachadas y determinados elementos arquitectónicos deban mantenerse como estaban en origen. Estos dos motivos han provocado que muchos edificios singulares salgan al mercado, como ocurre en el caso del casco histórico de Valencia.

Una vez los propietarios deciden vender surge un nuevo problema: el precio que se fija, que suele ser muy superior a los presupuestos de los interesados. De ahí que los posibles compradores tengan el perfil de grandes empresas, instituciones o cadenas hoteleras de ámbito internacional. Así lo refleja la propia Engel & Völkers en algunas de las fichas de presentación de los inmuebles. «Ideal para un hotel boutique con encanto» cita en el caso de un palacio de 1850 situado en la calle Caballeros y que es propiedad de una institución privada, que solicita por él 8,5 millones.

Muy cerca, en la calle Quart, está a la venta un palacete en una sola planta por cuatro millones. Construido en 1861 la inmobiliaria destaca de este inmueble «la escalera imperial de mármol de Carrara», los azulejos y los suelos, así como «una gran terraza de 400 metros cuadrados con cenador».

De las otras propiedades en venta se resalta su proximidad al pulmón verde de la ciudad, el antiguo cauce del río Turia. Una de ellas es el edificio del siglo XVIII situado en la plaza del Temple, que cuenta con 47 dependencias y del que destacan las dos puertas de madera maciza de siete metros de altura. Edificio que, además, estuvo en el punto de mira del Valencia CF para ser su sede institucional.

Detrás del Palacio del Temple aparece otra «casa con historia» en venta por 5,8 millones. Según detalla Francisco Pérez de los Cobos, «perteneció a González Martí y también fue sede del Colegio Alemán». Cuenta con nivel de protección dos aunque está abandonado y cubierto por unas mallas protectoras desde hace unas semanas.

Las opciones de compra terminan en la calle Salvador Giner, junto al lugar donde se planta la falla Na Jornada, con el convento que necesita ser restaurado y cuyo jardín alcanza los 2.200 metros cuadrados. ¿Su precio? 17 millones.

Velluters: un barrio de seda y algodón

Rafael Solaz

A partir de la creación de las murallas cristianas, en el extremo oeste de la ciudad, se alzó todo un barrio que fue conocido como Velluters, ya que su título, formación y desarrollo fue unido al vellut (terciopelo), y se llamó velluters a los dedicados al oficio de la seda. Fue su principal y casi única actividad que permaneció en el lugar durante al menos tres siglos y sin duda marcó su acentuado carácter.

En el siglo XVIII, el oficio sedero alcanzó su máxima prosperidad y es cuando se incrementó la población del barrio, alcanzando en pocos años el número de unos 2.000 obradores de producción sedera. Es por entonces cuando aparece el emprendedor Joaquín Manuel Fos, industrial que llegaría a ser alcalde del barrio. Fos comienza a interesarse por el nuevo método que hacía furor en Europa: el moaré.
A mediados del siglo XIX se produce una crisis de la industria fabril, debido en parte a diversos problemas con las moreras, base de la alimentación de los gusanos de seda. A partir del derribo de las murallas en 1865, el barrio sólo conservó su carácter residencial.
En los años 40-50 del siglo XX, como consecuencia de la desaparición de las casas de prostitución ubicadas en la zona de la plaza de San Agustín, y también por los derribos ocasionados por la iniciación de la avenida del Oeste, las casas de sube y baja se trasladaron hacia el llamado barrio del Pilar, llamándose popularmente barrio chino.
La seda había sido desplazada por el algodón de las toallas tendidas en los balcones. El horno, la carpintería y el ultramarino dieron paso a bares de contratación sexual. Sus tranquilas calles se vieron desbordadas por una corriente humana ávida de morbosidad.
Surgieron míticos locales que alcanzaron fama entre los ciudadanos y labradores de poblaciones cercanas: Las Francesas, la Puerta de Hierro, el Chalet Árabe y otros.
Convivían en el barrio establecimientos como el Hospital Provincial, el Colegio del Arte Mayor de la Seda, el Gremio de Carpinteros, el cine Palacio, algunas instituciones religiosas y el convento e iglesia del Pilar que le daba título. Los recios palacios del siglo XVIII, milagrosamente, se mantenían en pie.
En los años 70-80 se inicia una etapa de franca decadencia, degradación y marginación. Sus edificios comenzaban a desmoronarse, los vecinos se trasladaban a otros lugares más salubres y sin tanto movimiento. Velluters era olvidado por la Administración. Presencia policial, protestas vecinales, traficantes, toxicómanos, prostitutas y proxenetas zombis dibujaban el paisaje social de las calles Torno del Hospital, Recaredo, Balmes o Viana.
El siglo XXI casi ha acabado con la prostitución, que últimamente tenía acento extranjero. Del popular Chino apenas quedan de él unos metros, unos locales que ya han cerrado o que tienden a desaparecer.
En Velluters se han alzado fincas nuevas, con nuevos vecinos. Pero el buque enseña del barrio está a punto de caer. El edificio del Colegio del Arte Mayor de la Seda se hunde. Y eso que, como la barriada, siempre estuvo metido entre sedas y algodones.

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